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Estudiar italiano en Milán: la historia de Mónica

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Monica es arquitecta. ¡Está encantada de vivir en Milán con su pareja y de aprender un nuevo idioma!

Una charla con Mónica

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¡Hola, Mónica! Cuéntanos un poco sobre ti y sobre tu llegada a Milán. 

 

¡Hola! Me llamo Mónica Raquel Lozano Sandoval, pero todos mis amigos me llaman Mónica. Nací en Mexicali, una ciudad del norte de México, en el estado de Baja California, en la frontera con Estados Unidos. Tengo veintiocho años y soy arquitecta. En México trabajé como arquitecta autónoma y como tasadora inmobiliaria. Llegué a Milán en enero de 2020, una época no fácil debido a los acontecimientos que todos conocemos, pero igualmente interesante. 

 

¿Por qué decidiste venir a Milán y cómo descubriste ELLCI?

 

Me mudé a Italia para vivir con mi novio italiano, después de conocernos en España durante el programa Erasmus hace siete años. Decidí apuntarme al curso de idiomas de la escuela Ellci para mejorar mi italiano y, al mismo tiempo, tener la oportunidad de integrarme en un entorno nuevo para mí.   

Vine a Milán de vacaciones en el verano de 2019 y ya había leído sobre la escuela Ellci gracias a mis búsquedas en Internet, así que aproveché para ir en persona a pedir información. Me atendió la profesora Dalila, que fue muy amable y se mostró dispuesta a explicarme su oferta formativa y el procedimiento de matriculación. 

Sin embargo, antes de mudarme a Italia, ya había empezado a asistir a clases de italiano, en un curso organizado por una escuela de mi ciudad.

 

¿Cuál fue el motivo que te llevó a marcharte a vivir a Italia?

 

La razón principal fue mi novio, ya que llevábamos un tiempo manteniendo una relación a distancia, así que decidimos emprender una nueva etapa juntos en Milán, donde él ya trabajaba. De todos modos, siempre me ha fascinado Italia, sobre todo por mi formación como arquitecta, que me ha permitido conocer a fondo la cultura, el arte y la arquitectura italianas. 

¿Qué documentos se necesitan para vivir y estudiar en Italia?

 

Para estudiar en Italia, al ser mexicana y querer cursar un programa académico de más de tres meses de duración, tuve que solicitar en el consulado italiano de Ciudad de México un visado por motivos de estudios. Tuve que presentar: mi pasaporte, una carta de invitación que me había facilitado la escuela, un certificado que acreditara que disponía de alojamiento en Italia, un seguro médico válido para el periodo de estudios solicitado y un certificado que acreditara que disponía de recursos económicos suficientes (extracto bancario). 

 

¿Qué nivel de italiano tenías cuando llegaste? ¿Tuviste dificultades al principio?

 

Como ya había estudiado en México, llegué a Ellci para empezar el curso de nivel B1; cuando llegué a Italia, ya era capaz de entender más o menos el idioma hablado, gracias también a que hablo español, una lengua muy similar (¡pero qué pena que no sea exactamente igual!). Al principio me costaba un poco hablar italiano en casa con mi novio porque estábamos acostumbrados a hablar español entre nosotros, ¡pero pronto le cogí el gusto!

 

¿Has notado alguna diferencia entre el curso de italiano de ELLCI y los cursos anteriores?

 

Una diferencia que he notado en las nuevas clases es que nos lo explican todo en italiano (está prohibido utilizar el inglés en clase para explicar). Parece una técnica un poco dura, pero pronto dejas de fijarte en ello y ves los resultados. 

 

¿Cómo ha cambiado tu vida en Milán en comparación con tu país de origen? 

 

Mi rutina ha cambiado muchísimo desde que dejé de trabajar (temporalmente). Estaba acostumbrada a trabajar todo el día hasta las 9 o las 10 de la noche, ¡así que no podía parar ni un momento! Llegué a Milán, empecé a asistir al curso y me sentía un poco rara sin la presión constante del trabajo. Además, puedo decir que me costó un poco no poder empezar el día con el típico desayuno mexicano (estaba acostumbrada a desayunar algo salado) y sustituirlo por un capuchino y un croissant. Además de estos pequeños hábitos, la pandemia de la COVID-19 ha cambiado notablemente el ritmo de vida de todos. De momento, en cualquier caso, estoy muy contenta. Obviamente echo de menos muchas cosas, sobre todo a mi familia, ¡pero me encanta vivir en Milán! Espero tener pronto la oportunidad de encontrar un trabajo como arquitecta; ese será mi próximo reto. 

 

Una cosa que te gusta de vivir en Italia y una cosa que no te gusta 

 

¡Mi novio es lo primero que me encanta! Lo segundo, aunque no por ello menos importante, es que a poca distancia hay muchos lugares y ciudades que visitar: ciudades llenas de arte e historia que se encuentran a solo unas horas en tren unas de otras. Allí donde crecí, en Estados Unidos, las distancias son completamente diferentes. Me gusta la gente; tengo la suerte de poder conocer a muchísima gente amable, y la comida italiana (especialmente la siciliana) no tiene comparación. 

Hablando específicamente de Milán, no he encontrado nada en concreto que no me guste, pero sí he observado que en la ciudad hay diferencias evidentes entre algunos barrios bien cuidados, limpios y con bonitos escaparates y locales de moda, y, por el contrario, barrios un poco más descuidados y sucios; aunque creo que este es un problema común a todas las grandes ciudades del mundo. 

 

¿Qué le aconsejarías a alguien que empieza a estudiar italiano y sueña con vivir en Italia?

 

Perseverancia, voluntad, determinación… Creo que esas son las palabras clave. No dejéis de soñar a lo grande; en esta vida todo es posible. Para alcanzar vuestros objetivos, basta con soñar, creer en ello y desearlo con todas vuestras fuerzas. Ya sea por estudios, por amor o por trabajo, sea cual sea la razón que tengáis para ir a vivir a otra ciudad, os aseguro que os dejará experiencias y enseñanzas que durarán toda la vida.  

 

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